No se me ocurren mejores palabras que las que escribí hace un año así que las rescato:

No te conozco pero sé quién eres.

Y sé que mañana vas a caminar conmigo.

En la misma línea del combate por reivindicar la calle y la voz.

En primera fila.

La entrada de 2011 está aquí

No tenía muy claro en qué momento del recorrido de vuelta había decidido bajarse pero se descubrió de pronto en calles que nunca había pisado. Nada allí le era familiar. Ni los escaparates, ni los comercios aún abiertos a esas horas de la noche, ni las fachadas de los edificios que clamaban para que alguien les renovase el maquillaje. Ni siquiera los semáforos se parecían a los de su barrio.

“Los barrios son como pueblos, países, pequeños mundos”, pensó.

No tenía muy claro en qué momento de aquel día febril había decidido marcar el punto final. Gracias. Adiós. Hola. Gracias. Buenas tardes. Buenos días. Gracias. No se preocupe. Gracias. No pasa nada. A ti. Encantada. Gracias. Gracias. Gracias. Gracias…

Se agotaron las sonrisas. Sin previo aviso, así, de golpe. Y entonces… ¡Alivio! Miró alrededor. El reloj marcó la hora en punto y se marchó sin decir “adiós”, “hasta mañana” o “descansad”.

Respiró hondo, se la tragó el metro y se descubrió de pronto en calles que nunca había pisado.

Aquel barrio-pueblo-país-pequeñomundo extraño no tenía ningún atractivo especial pero aquella noche no iba a volver a casa. Se acabaron las sonrisas y los “¿qué tal tu día?”. Nada de repetir eso de “hoy te tocaba hacer a ti la cena” o “tienes que llamar a tu madre que siempre se te olvida”. Ni un polvo más de mera rutina.

“¿Quién necesita una canción de amor cuando se tiene la violencia en vena?”, se escapó de los auriculares del mp3 que ni recordaba llevar encendido. Lo desconectó y se quitó los cascos. El cartel de neón de un bar se encendió en aquel momento y tuvo que entrar.

Toda la barra para ella sola. Cuatro mesas solitarias. Un único camarero echando cuentas. Al fondo un piano vacío, pintarrajeado de tiza.

-¿Qué va ser?
-¿Puedo acercarme al piano?
-Sí, ¿pero va a tomar algo?
-Sí. Cualquier cosa con alcohol pero que no sea ron, que no sea dulce. Eso se terminó hoy.

Él no preguntó y se dio la vuelta para coger un vaso y rebuscar una botella de esas que no están a la vista y que se reservan para momentos como aquel.

Una botella de esas que sólo se abren cuando sabes que se van a terminar en el mismo día.

Otro de bares con pianos aquí

Me sirve y no me sirve

La esperanza tan dulce
tan pulida tan triste
la promesa tan leve
no me sirve

no me sirve tan mansa
la esperanza

la rabia tan sumisa
tan débil tan humilde
el furor tan prudente
no me sirve

no me sirve tan sabia
tanta rabia

el grito tan exacto
si el tiempo lo permite
alarido tan pulcro
no me sirve

no me sirve tan bueno
tanto trueno

el coraje tan docil
la bravura tan chirle
la intrepidez tan lenta
no me sirve

no me sirve tan fría
la osadía

si me sirve la vida
que es vida hasta morirse
el corazon alerta
si me sirve

me sirve cuando avanza
la confianza

me sirve tu mirada
que es generosa y firme
y tu silencio franco
si me sirve

me sirve la medida
de tu vida

me sirve tu futuro
que es un presente libre
y tu lucha de siempre
si me sirve

me sirve tu batalla
sin medalla

me sirve la modestia
de tu orgullo posible
y tu mano segura
si me sirve

me sirve tu sendero
compañero.

Texto: Mario Benedetti
Imagen: JulioBcn

No tengo ganas de escribir nada aún pero sí de compartir esta foto.

Plaza Espanya (Barcelona). 29 de febrero de 2012. 19.15 horas